Odón de Buen, ahora es cuándo

Supe de Odón de Buen gracias a Cajal, hacía 1998, cuando leí en las memorias del histólogo —mientras preparaba una biografía sobre él— los nombres de quienes le acompañaban en “el diario oreo espiritual de la tertulia del café”. Entre ellos citaba a Odón de Buen, “un joven naturalista de mucho mérito, republicano exaltado y librepensador militante”. La definición me cautivó y me quedé con el nombre detrás de la oreja. Traté, sin éxito, de saber algo más de él y supe que vía telemática estaba en contacto con Jorge de Buen, uno de sus bisnietos, que vivía en México. Supe también que el historiador Thomas Glick tenía un manuscrito de las memorias, pero, como el perro del hortelano, ni hacía nada con ellas ni dejaba hacer. Afortunadamente, gracias al empuje del Centro de Estudios Odón de Buen, la estupenda Institución Fernando el Católico publicó Mis memorias, amorosamente trascritas por Mari Carmen de Buen. Era un excelente paso, tras su Síntesis de una vida política y científica y De Kristianía a Tuggurt. Y más recientemente, sus Cartas a un labrador, edición en la que he tenido el placer y el honor de participar.
Ya era posible, con todo ello, hacerse una idea de quien fue Odón de Buen, qué hizo y cómo lo hizo. Con esos materiales y otros muchos —una buena parte gracias a Javier Puyuelo y a Mariano del Cos— pude publicar, en el 2013, mi biografía. Desde entonces, la que era figura absolutamente desconocida ha adquirido algo de relieve público, hasta el punto de que Teresa Ribera, en su toma de posesión como vicepresidente cuarta del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica le citó, con toda justicia, como uno de los referentes indispensables del ecologismo español.
De Buen era tan desconocido que, cuando el año 2014 tuve la oportunidad de visitar los centros costeros del Instituto Español de Oceanografía, para presentar mi biografía del aragonés al cumplirse 100 años de la fundación del IEO, en todos ellos se me acercaron investigadores a agradecerme el que les diera a conocer la vida y obra del fundador, porque hasta entonces era un una figura prácticamente ignorada.
Ahora, en 2020, parece que es el momento idóneo para poner en pie la fundación que el ayuntamiento de Zuera, con muy buen criterio, ha decidido crear para reivindicar aún más la figura de quien es, probablemente, su paisano más importante de todos los tiempos. Y quiero agradecer al ayuntamiento la oportunidad que me ha brindado para formar parte de la fundación. Hace tiempo que digo que mi misión fundamental es odonizar España y el mundo, porque a España y al mundo le iría mejor si estuviera más odonizada. En Zuera don Odón ya es suficientemente conocido, gracias a labor de quienes desde hace ya muchos años han puesto su empeño en recordar a todos quien era aquel señor de grandes bigotes y aún más grandes ideas que tanto hizo por su pueblo, por la universidad y por España en su conjunto. Nos falta que se proyecte la figura fuera de su pueblo.
Por eso creo que ahora es cuándo, que ha llegado el momento de agitar aún más el recuerdo y la memoria, de conseguir que en Barcelona, en Zaragoza, en Madrid, en Málaga y en Cuenca, por citar solo algunas de las ciudades a la que estuvo más ligado, recuerden quien fue, qué hizo y qué méritos concurrieron en su persona. Porque es necesario, para saber quiénes somos, saber quiénes hemos sido. Ojalá que el ayuntamiento acelere en su propuesta, que tome cuerpo lo antes posible la fundación para que, entre todos, con el objetivo claro, coloquemos a Odón de Buen no solo en el panteón de hombres ilustres sino en el conocimiento de todos, los ilustrados y el resto.
Antonio Calvo Roy
Periodista y biógrafo de Odón de Buen

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