El colegio público Odón de Buen. Su futuro.

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A veces, sirviéndome de alguna fotografía de la época y del testimonio de personas que ya no están entre nosotros, he tratado de imaginarme cómo era, arquitectónicamente hablando, el Zuera del primer tercio del siglo pasado. Un pueblo en cuyas calles sin pavimentar predominaba un tipo de vivienda unifamiliar de contextura y proporciones modestas. No era extraño observar a través del descorchado de sus fachadas los materiales de que estaban hechas, en general piedra de yeso y adobas. Las Lomas y el río ponían estos sencillos materiales al alcance de cualquiera que gozase de determinados medios. También abundaban en él, las cuevas. Unos habitáculos para cuya construcción tan solo se precisaba un pico y una pala, una gran determinación, hecha normalmente de penuria, y horas y horas de esperanzados sudores. Toda esa ladera que hoy constituye un extraordinario mirador sobre el casco urbano y la vega del Gállego, estaba salpicada de oquedades que albergaban la vida de las familias con menos recursos del municipio.
La estampa que intentaba recrear se me antojaba la de una población donde la escasez y las limitaciones eran el denominador común de la mayor parte de las gentes que lo habitaban.
Y en ese vetusto escenario es donde, acto seguido, he intentado concebir el impacto que debió suponer la aparición de un edificio tan imponente como el colegio Odón de Buen. El extraordinario contraste que en su día debió suponer la presencia de ese soberbio inmueble destinado a la educación, en relación con el indigente entorno arquitectónico. Mucho ha llovido desde entonces, pero a pesar de las vicisitudes históricas por las que tuvo que atravesar desde su creación, nada ha impedido que tanto la instalación como el personaje que la impulsó, y a quien debe su nombre, hayan adquirido rango institucional en la Villa de Zuera.
Después de noventa años de provechoso servicio y merecido prestigio, se nos anuncia que el Colegio Odón de Buen, en breve, dejará de desempeñar su función como centro de enseñanza. La noticia, que constituye una buena nueva, en cuanto está suscitada por la inminente construcción de un moderno colegio que incorporará prestaciones contemporáneas, nos despierta, sin embargo, el justificado interrogante acerca de cuál va a ser su futuro. Habida cuenta de que nada se ha apuntado hasta la fecha sobre este particular y que se trata del edificio civil más emblemático de cuantos aportan cualidad al casco urbano de Zuera, me tomo la libertad de poner el tema sobre la mesa.
No incurriré en la temeridad de apuntar cuál debería ser su posterior destino, pero sí señalaré el alto riesgo que conlleva dejar sin uso una instalación de estas características, sin que previa o simultáneamente exista una idea clara acerca de qué función pueda asumir llegado el momento, mediante la oportuna adaptación. Se trata de ideas, de contenidos y, por supuesto, de recursos para poderlos materializar. La historia del patrimonio arquitectónico está plagada de desastrosas experiencias que se convirtieron en tales por ausencia de previsión, por avatares políticos o por falta de perspectivas de futuro. El antiguo teatro Fleta de Zaragoza, del que solo queda la fachada apuntalada y las cerchas de la cubierta, nos ofrece en este sentido un ejemplo paradigmático y cercano.
En las últimas décadas han jalonado y enriquecido el paisaje urbano de Zuera una serie de equipamientos públicos que, hasta la fecha, el tiempo ha bendecido llenándolos de contenido, funcionalidad y sentido. Ninguno de ellos, sin embargo, está ungido por el aura histórica y la dimensión social que el colegio Odón de Buen arrastra consigo. A todo lo cual hoy cabría añadir un importantísimo valor que el desarrollo urbanístico del municipio le ha proporcionado. Se trata de su centralidad. Cuando se construyó, en el año 29 del pasado siglo, el colegio quedó emplazado, si bien junto a la carretera, en una zona verdaderamente periférica. Tras él –o frente a él, si se prefiere- se abrían los campos y los huertos. Hoy goza de una posición privilegiada en la cartografía urbana, que cabría complementar convirtiendo el actual patio de recreo en una potencial plaza pública. Si bajo ella situáramos un aparcamiento subterráneo, no solo se mejoraría el acceso al mismo desde cualquier parte de nuestro disperso municipio, sino que éste vendría a aliviar el creciente y cada día más notable problema del estacionamiento de vehículos.
Tal vez sería oportuno que se adoptara alguna iniciativa al efecto, por parte de los organismos a quienes compete más directamente la toma de decisiones. Pasos que contribuyan a alumbrar esas posibles alternativas de uso y que garanticen y afiancen el valor icónico que la historia ha otorgado al colegio público Odón de Buen.

Javier Puyuelo Castillo
Presidente del Centro de Estudios Odón de Buen

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Una Respuesta a El colegio público Odón de Buen. Su futuro.

  1. Ángel Domingo Blasco dijo:

    Totalmente de acuerdo. Ese edificio tiene que tener contenido, y a estas alturas de la “”película”” los ciudadanos de Zuera tendríamos que saber qué se va a hacer con el edificio emblemático del Colegio.

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