Carta a un labrador: ¿En qué consiste la cuestión social? ( 2º serie, Carta 4ª) 27 de abril de 1895

Se siente profundo malestar ¿quién lo duda? Débese a que la organización de hoy no responde a las necesidades creadas por el prodigioso desenvolvimiento de la inteligencia humana. Es cuestión de desequilibrio entre el organismo de la Sociedad y el medio creado por la Ciencia y sus aplicaciones. El organismo es cosa vieja, formada en otros tiempos y para medios más pobres, material e intelectualmente hablando. Hay que modificar la organización de ayer, adaptarla, acomodarla a los medios y a la cultura de hoy. Siendo cuestión de desequilibrio no desaparecerá hasta que el equilibrio se restablezca. Y la organización social que sustituya a la existente, es preciso que no sea arreglo del momento, sino que tenga caracteres de estabilidad y aun de permanencia; para esto sólo es preciso que el nuevo organismo sea tan dúctil que se transforme a medida que el medio cambie; los moldes rígidos, que no pueden ensancharse tienen al fin que romperse y así se engendran las revoluciones.

He aquí planteado el problema tal y como yo lo entiendo.

La cuestión social es, según este concepto, una cuestión total, no parcial, abarca todo el problema y afecta a todo el organismo. No es cuestión industrial, ni agrícola, ni española, ni francesa, ni norteamericana. No afecta solo a los intereses materiales, ni es ajena a la política, ni se resuelve con dar derechos al pueblo, ni con darle pan. Es una cuestión orgánica y por tanto integral según la llaman los hombres de ciencia.

Conviene rebatir ante todo la falsa creencia de que la cuestión consiste en proporcionar alimento; no es así. Si se diera a todos alimento y no se les educara ni instruyera, el problema quedaría por resolver. Las luchas entre los hombres serían luchas bestiales y el predominio de algunos no se haría esperar, motivando un retroceso hacia la barbarie. Si se diera pan al trabajador conservando un estado social en el que hay clases inútiles, zánganos, más zánganos que los de la colmena, pues estos al menos sirven para la reproducción, perpetuaría la desigualdad, el trabajo de pocos habría de servir para el alimento de muchos y las clases holgazanas dominarían a los que trabajan y trabajando consumen el tiempo de aquellos que emplean en asegurar su influencia. Si se diera pan al proletario y no se le dieran todos los derechos políticos, no influiría en el gobierno de la sociedad en la que vive, sería gobernado por otros y éstos constituirían una clase privilegiada propensa al despotismo, acaparadora de preminencias y de riquezas que saldrían del sudor de los trabajadores.

De izquierda a derecha: Ramón Chies, Fernando Lozano y Odón de Buen, auténticas almas de la publicación Las Dominicales del Libre Pensamiento

No, no es la falta de pan solamente la causa de malestar social; el pan abunda, pero está mal repartido y puede centuplicarse la producción y llenar de pan el mundo entero. Que es cuestión de pan dicen los reaccionarios a quienes con sus grandes riquezas, serían bien fácil dar pan suficiente a los trabajadores, como antaño daban la sopa en los conventos, siempre que los trabajadores esclavizados labraran las tierras produciendo como a 100, para recoger como a 1, quedándose el señor con el 99. Que es cuestión de pan dicen las sectas religiosas para que no se les discuta, porque discutiéndolas vendrá el pueblo en conocimiento de que no tienen ya misión que cumplir, de que las engendró la menguada inteligencia de tribus bárbaras y se disipan con los resplandores de la Ciencia, de que su filosofía es infantil y su imperio, contrario a la dignidad del hombre, de que moralmente pueden más el Código y la Instrucción que el sacerdote y materialmente cuanto consumen roban al bienestar de los trabajadores.

La cuestión social se resolverá cuando el individuo sea hombre completo y la organización de la sociedad, lejos de perjudicarle, sea la más firme garantía de su existencia humana. Existir como animal es cosa fácil; pero no basta para que la Humanidad cumpla con su misión; es necesario que el individuo exista como hombre.

La existencia humana implica el pleno desenvolvimiento del organismo, y el cerebro es el órgano del hombre y el pensamiento una función de la Fisiología humana. Además, el hombre deja de serlo cuando no tiene libertad y cuando no interviene directa o indirectamente en las funciones sociales que le afectan.

La organización sólo puede tener por fin el bienestar de todos los hombres; una sociedad que resultara perjudicial para los asociados no podría existir, si no es que éstos careciesen de inteligencia para conocer el perjuicio. Una organización social en que hay privilegios que no deben a su esfuerzo el privilegio del que gozan, subsiste por la ignorancia y solo por la ignorancia.

El problema social que entre nosotros se presente ha de resolverse por completo cuando todos los hombres tengan desenvueltas sus facultades intelectuales, cuando las conquistas de la Ciencia sean tan asequibles a los individuos como los simples rayos solares y el aire atmosférico, cuando goce el individuo de libertad completa en el desempeño de su función y cuando en la sociedad no sean posibles explotadores y explotados, trabajadores y vagos, sino que cada uno trabaje en su especialidad, y las especialidades se armonicen para el logro del bienestar común.

Quedamos, pues, en que la cuestión social afecta a todo, es general y ha de resolverse aplicando los principios de la Ciencia y las observaciones de la experiencia para formar el hombre inteligente, trabajador y libre dentro de una sociedad, que emplee el esfuerzo de cada uno en bien de todos, sin privilegios de herencia ni de riqueza.

Quiero grabar aún más en ti la idea de que la cuestión social, que tanto preocupa, es debida al desequilibrio entre la sociedad tal y como está organizada y los medios y la cultura que el progreso de los tiempos ha acumulado.

Ocurre a la sociedad lo mismo que a los enfermos a quienes prueba mal un clima; podrán sentir dolor de riñones o de estómago o de cabeza, pero el malestar no se les cura si no cambian de aire (como decís vosotros). Ya puede tomar bicarbonato, o ponerse emplastes o paños en la frente, el malestar no desaparece. No conociendo el mal se cree tener un órgano enfermo, pero la enfermedad es general y a veces está peor lo que menos le duele. Para obtener la curación sólo hay un remedio, purificar aquella sangre, restablecer el equilibrio entre el organismo y el medio. Claro es que al médico no le es posible cambiar la organización del hombre y en cambio es posible alterar el organismo social dado que el medio es excelente y beneficioso, y así, en esta comparación, conviene tener en cuenta que el procedimiento ha de ser inverso en el uno que en el otro caso. En ambos la causa de la enfermedad es el desequilibrio.

Este desequilibrio se observar en los menores detalles; en los mismos atentados dinamiteros puedes hallar el ejemplo. La Ciencia ha descubierto explosivos de inmensa fuerza, es uno de los descubrimientos más importantes, más hermosos de la Química. Manejen el explosivo, en una sociedad bien organizada, manos cultas, y es agente poderosísimo; pon el gran descubrimiento en manos incultas, a merced de cerebros perturbados por el espectáculo de una sociedad donde la injusticia y la explotación son ley, o por un desequilibro moral de que es culpable la mala educación pública y privada, y entonces el gran descubrimiento se convierte en terrible instrumento de crimen. Ejemplos numerosos del desequilibrio que en la sociedad se observa, podría citarte.

Convengamos en que el mal es profundo, en que urge el remedio, y en que se oponen las rancias preocupaciones sociales al bienestar del hombre.

Odón de Buen

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