Revista ” Odón” número 5

El número 5 de la revista ” Odón” se encuentra en proceso de maquetación, y con casi toda seguridad saldrá a la luz a finales de este mes de octubre. En esta ocasión la publicación será un monográfica acerca del Río Gállego, en el cual hemos tenido el placer de contar con un excelente elenco de escritores, que desde distintos puntos de vista ( historía, geografía, ocio, etc) nos hablarán acerca de este río que riega el suelo zufariense.

A continuación os adelantemos el listado de escritores que han colaborado en esta nueva entrega de la revista ” Odón”:
1.Coordenadas (editorial). Javier Puyuelo
2. El río que procede de Las Galias. J. R. Marcuello. Escritor y periodista
3. Biodiversidad del río Gállego. Mónica García. Bióloga
4. El Gállego: recurso, vida y patrimonio. Adrián García Puente. Licenciado en Historia
Curso alto
5. Los Ibones del Gállego. Julio Luis Bielsa Puértolas . Funcionario. Agente Medioambiental del MPAMA (Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente)
6. Fotos del nacimiento del Gállego. Juan Pérez Gargallo
Curso medio
7.La Galliguera: De la Garoneta a Ardisa. J. Antonio. Cuchi. Profesor universitario
8. La calidad del agua del Gállego. José Antonio Cuchi. Profesor universitario
El Bajo Gállego
9. Los azudes. El agua que nos riega. Miguel. A. Gargallo. Licenciado en Historia
10. Las aves del río Gállego a su paso por Zuera. Textos y dibujos: Mercedes Alberdi Pozurama. Bióloga
11. Paseo por el Gállego. M. Carmen Gracia. Estudiosa de la flora local
12. El río Gállego. Mar Blanco. Poeta
13. Cruzando el Gállego. Javier Gonzalvo. Graduado en trabajo social
14. A lomos del Gállego. Carlos Oliva.
15. Correr junto al río. Miguel Tenas. Agrupación Deportiva Atletismo Zuera
16. Nuestro sistema de abastecimiento. Servicios Técnicos municipales

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Luchemos contra el bullying en las escuelas, por Javier Gonzalvo

A continuación os mostramos un artículo acerca del bullying escolar escrito por Javier Gonzalvo y publicado en la sección ” Cartas al director” en Heraldo de Aragón en su edición escrito del lunes 10 de septiembre de 2018:

Como cada septiembre las aulas recuperan su jovial bullicio rompiendo el silencio impuesto por las vacaciones de verano. Es éste un momento de incertidumbre y nuevos retos para el alumnado, que se enfrente a nuevos profesores y nuevas asignaturas. Para alguna/o de estas/os alumnas/os esta “vuelta al cole” supondrá enfrentarse a una dura y cruda lacra presente en nuestra situación: el acoso escolar.

Toda clase de violencia y acoso debe ser atajado antes de que llegue a producirse, por eso cobra especial importancia la fase de sensibilización y prevención, la cual debe llevarse a cabo entre los docentes, alumnado y familia para que estos sean capaces de detectar posibles casos de acoso antes de que se produzcan o como mal menor detenerlos en sus primeras etapas. Situaciones como al aislamiento, el retraimiento o el descenso en el rendimiento académico pueden suponer señales de alerta de que una niña o un niño pueda estar siendo objeto de acoso.

Fuente: https://dibujosparacolorear.eu/no-mas-bullying/


En algunos casos el acosado tiende a esconder dicha situación movido en muchas ocasiones por sentimientos de miedo, autoculpabilización y vergüenza. Es importante que el acosado sea consciente de que la necesidad contar su situación cuanto antes, ya que sufrir bullying durante un tiempo prolongado tiene efectos psicológicos importantes que pueden incluso tener repercusiones en la edad adulta.

Gracias a la labor llevada a cabo en los últimos años, el acoso escolar ya no es simplemente una “cosa de crios” y actualmente tanto las instituciones como la sociedad le otorgan la importancia que tal caso merece.

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El colegio público Odón de Buen. Su futuro.

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A veces, sirviéndome de alguna fotografía de la época y del testimonio de personas que ya no están entre nosotros, he tratado de imaginarme cómo era, arquitectónicamente hablando, el Zuera del primer tercio del siglo pasado. Un pueblo en cuyas calles sin pavimentar predominaba un tipo de vivienda unifamiliar de contextura y proporciones modestas. No era extraño observar a través del descorchado de sus fachadas los materiales de que estaban hechas, en general piedra de yeso y adobas. Las Lomas y el río ponían estos sencillos materiales al alcance de cualquiera que gozase de determinados medios. También abundaban en él, las cuevas. Unos habitáculos para cuya construcción tan solo se precisaba un pico y una pala, una gran determinación, hecha normalmente de penuria, y horas y horas de esperanzados sudores. Toda esa ladera que hoy constituye un extraordinario mirador sobre el casco urbano y la vega del Gállego, estaba salpicada de oquedades que albergaban la vida de las familias con menos recursos del municipio.
La estampa que intentaba recrear se me antojaba la de una población donde la escasez y las limitaciones eran el denominador común de la mayor parte de las gentes que lo habitaban.
Y en ese vetusto escenario es donde, acto seguido, he intentado concebir el impacto que debió suponer la aparición de un edificio tan imponente como el colegio Odón de Buen. El extraordinario contraste que en su día debió suponer la presencia de ese soberbio inmueble destinado a la educación, en relación con el indigente entorno arquitectónico. Mucho ha llovido desde entonces, pero a pesar de las vicisitudes históricas por las que tuvo que atravesar desde su creación, nada ha impedido que tanto la instalación como el personaje que la impulsó, y a quien debe su nombre, hayan adquirido rango institucional en la Villa de Zuera.
Después de noventa años de provechoso servicio y merecido prestigio, se nos anuncia que el Colegio Odón de Buen, en breve, dejará de desempeñar su función como centro de enseñanza. La noticia, que constituye una buena nueva, en cuanto está suscitada por la inminente construcción de un moderno colegio que incorporará prestaciones contemporáneas, nos despierta, sin embargo, el justificado interrogante acerca de cuál va a ser su futuro. Habida cuenta de que nada se ha apuntado hasta la fecha sobre este particular y que se trata del edificio civil más emblemático de cuantos aportan cualidad al casco urbano de Zuera, me tomo la libertad de poner el tema sobre la mesa.
No incurriré en la temeridad de apuntar cuál debería ser su posterior destino, pero sí señalaré el alto riesgo que conlleva dejar sin uso una instalación de estas características, sin que previa o simultáneamente exista una idea clara acerca de qué función pueda asumir llegado el momento, mediante la oportuna adaptación. Se trata de ideas, de contenidos y, por supuesto, de recursos para poderlos materializar. La historia del patrimonio arquitectónico está plagada de desastrosas experiencias que se convirtieron en tales por ausencia de previsión, por avatares políticos o por falta de perspectivas de futuro. El antiguo teatro Fleta de Zaragoza, del que solo queda la fachada apuntalada y las cerchas de la cubierta, nos ofrece en este sentido un ejemplo paradigmático y cercano.
En las últimas décadas han jalonado y enriquecido el paisaje urbano de Zuera una serie de equipamientos públicos que, hasta la fecha, el tiempo ha bendecido llenándolos de contenido, funcionalidad y sentido. Ninguno de ellos, sin embargo, está ungido por el aura histórica y la dimensión social que el colegio Odón de Buen arrastra consigo. A todo lo cual hoy cabría añadir un importantísimo valor que el desarrollo urbanístico del municipio le ha proporcionado. Se trata de su centralidad. Cuando se construyó, en el año 29 del pasado siglo, el colegio quedó emplazado, si bien junto a la carretera, en una zona verdaderamente periférica. Tras él –o frente a él, si se prefiere- se abrían los campos y los huertos. Hoy goza de una posición privilegiada en la cartografía urbana, que cabría complementar convirtiendo el actual patio de recreo en una potencial plaza pública. Si bajo ella situáramos un aparcamiento subterráneo, no solo se mejoraría el acceso al mismo desde cualquier parte de nuestro disperso municipio, sino que éste vendría a aliviar el creciente y cada día más notable problema del estacionamiento de vehículos.
Tal vez sería oportuno que se adoptara alguna iniciativa al efecto, por parte de los organismos a quienes compete más directamente la toma de decisiones. Pasos que contribuyan a alumbrar esas posibles alternativas de uso y que garanticen y afiancen el valor icónico que la historia ha otorgado al colegio público Odón de Buen.

Javier Puyuelo Castillo
Presidente del Centro de Estudios Odón de Buen

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Carta a un labrador: ¿En qué consiste la cuestión social? ( 2º serie, Carta 4ª) 27 de abril de 1895

Se siente profundo malestar ¿quién lo duda? Débese a que la organización de hoy no responde a las necesidades creadas por el prodigioso desenvolvimiento de la inteligencia humana. Es cuestión de desequilibrio entre el organismo de la Sociedad y el medio creado por la Ciencia y sus aplicaciones. El organismo es cosa vieja, formada en otros tiempos y para medios más pobres, material e intelectualmente hablando. Hay que modificar la organización de ayer, adaptarla, acomodarla a los medios y a la cultura de hoy. Siendo cuestión de desequilibrio no desaparecerá hasta que el equilibrio se restablezca. Y la organización social que sustituya a la existente, es preciso que no sea arreglo del momento, sino que tenga caracteres de estabilidad y aun de permanencia; para esto sólo es preciso que el nuevo organismo sea tan dúctil que se transforme a medida que el medio cambie; los moldes rígidos, que no pueden ensancharse tienen al fin que romperse y así se engendran las revoluciones.

He aquí planteado el problema tal y como yo lo entiendo.

La cuestión social es, según este concepto, una cuestión total, no parcial, abarca todo el problema y afecta a todo el organismo. No es cuestión industrial, ni agrícola, ni española, ni francesa, ni norteamericana. No afecta solo a los intereses materiales, ni es ajena a la política, ni se resuelve con dar derechos al pueblo, ni con darle pan. Es una cuestión orgánica y por tanto integral según la llaman los hombres de ciencia.

Conviene rebatir ante todo la falsa creencia de que la cuestión consiste en proporcionar alimento; no es así. Si se diera a todos alimento y no se les educara ni instruyera, el problema quedaría por resolver. Las luchas entre los hombres serían luchas bestiales y el predominio de algunos no se haría esperar, motivando un retroceso hacia la barbarie. Si se diera pan al trabajador conservando un estado social en el que hay clases inútiles, zánganos, más zánganos que los de la colmena, pues estos al menos sirven para la reproducción, perpetuaría la desigualdad, el trabajo de pocos habría de servir para el alimento de muchos y las clases holgazanas dominarían a los que trabajan y trabajando consumen el tiempo de aquellos que emplean en asegurar su influencia. Si se diera pan al proletario y no se le dieran todos los derechos políticos, no influiría en el gobierno de la sociedad en la que vive, sería gobernado por otros y éstos constituirían una clase privilegiada propensa al despotismo, acaparadora de preminencias y de riquezas que saldrían del sudor de los trabajadores.

De izquierda a derecha: Ramón Chies, Fernando Lozano y Odón de Buen, auténticas almas de la publicación Las Dominicales del Libre Pensamiento

No, no es la falta de pan solamente la causa de malestar social; el pan abunda, pero está mal repartido y puede centuplicarse la producción y llenar de pan el mundo entero. Que es cuestión de pan dicen los reaccionarios a quienes con sus grandes riquezas, serían bien fácil dar pan suficiente a los trabajadores, como antaño daban la sopa en los conventos, siempre que los trabajadores esclavizados labraran las tierras produciendo como a 100, para recoger como a 1, quedándose el señor con el 99. Que es cuestión de pan dicen las sectas religiosas para que no se les discuta, porque discutiéndolas vendrá el pueblo en conocimiento de que no tienen ya misión que cumplir, de que las engendró la menguada inteligencia de tribus bárbaras y se disipan con los resplandores de la Ciencia, de que su filosofía es infantil y su imperio, contrario a la dignidad del hombre, de que moralmente pueden más el Código y la Instrucción que el sacerdote y materialmente cuanto consumen roban al bienestar de los trabajadores.

La cuestión social se resolverá cuando el individuo sea hombre completo y la organización de la sociedad, lejos de perjudicarle, sea la más firme garantía de su existencia humana. Existir como animal es cosa fácil; pero no basta para que la Humanidad cumpla con su misión; es necesario que el individuo exista como hombre.

La existencia humana implica el pleno desenvolvimiento del organismo, y el cerebro es el órgano del hombre y el pensamiento una función de la Fisiología humana. Además, el hombre deja de serlo cuando no tiene libertad y cuando no interviene directa o indirectamente en las funciones sociales que le afectan.

La organización sólo puede tener por fin el bienestar de todos los hombres; una sociedad que resultara perjudicial para los asociados no podría existir, si no es que éstos careciesen de inteligencia para conocer el perjuicio. Una organización social en que hay privilegios que no deben a su esfuerzo el privilegio del que gozan, subsiste por la ignorancia y solo por la ignorancia.

El problema social que entre nosotros se presente ha de resolverse por completo cuando todos los hombres tengan desenvueltas sus facultades intelectuales, cuando las conquistas de la Ciencia sean tan asequibles a los individuos como los simples rayos solares y el aire atmosférico, cuando goce el individuo de libertad completa en el desempeño de su función y cuando en la sociedad no sean posibles explotadores y explotados, trabajadores y vagos, sino que cada uno trabaje en su especialidad, y las especialidades se armonicen para el logro del bienestar común.

Quedamos, pues, en que la cuestión social afecta a todo, es general y ha de resolverse aplicando los principios de la Ciencia y las observaciones de la experiencia para formar el hombre inteligente, trabajador y libre dentro de una sociedad, que emplee el esfuerzo de cada uno en bien de todos, sin privilegios de herencia ni de riqueza.

Quiero grabar aún más en ti la idea de que la cuestión social, que tanto preocupa, es debida al desequilibrio entre la sociedad tal y como está organizada y los medios y la cultura que el progreso de los tiempos ha acumulado.

Ocurre a la sociedad lo mismo que a los enfermos a quienes prueba mal un clima; podrán sentir dolor de riñones o de estómago o de cabeza, pero el malestar no se les cura si no cambian de aire (como decís vosotros). Ya puede tomar bicarbonato, o ponerse emplastes o paños en la frente, el malestar no desaparece. No conociendo el mal se cree tener un órgano enfermo, pero la enfermedad es general y a veces está peor lo que menos le duele. Para obtener la curación sólo hay un remedio, purificar aquella sangre, restablecer el equilibrio entre el organismo y el medio. Claro es que al médico no le es posible cambiar la organización del hombre y en cambio es posible alterar el organismo social dado que el medio es excelente y beneficioso, y así, en esta comparación, conviene tener en cuenta que el procedimiento ha de ser inverso en el uno que en el otro caso. En ambos la causa de la enfermedad es el desequilibrio.

Este desequilibrio se observar en los menores detalles; en los mismos atentados dinamiteros puedes hallar el ejemplo. La Ciencia ha descubierto explosivos de inmensa fuerza, es uno de los descubrimientos más importantes, más hermosos de la Química. Manejen el explosivo, en una sociedad bien organizada, manos cultas, y es agente poderosísimo; pon el gran descubrimiento en manos incultas, a merced de cerebros perturbados por el espectáculo de una sociedad donde la injusticia y la explotación son ley, o por un desequilibro moral de que es culpable la mala educación pública y privada, y entonces el gran descubrimiento se convierte en terrible instrumento de crimen. Ejemplos numerosos del desequilibrio que en la sociedad se observa, podría citarte.

Convengamos en que el mal es profundo, en que urge el remedio, y en que se oponen las rancias preocupaciones sociales al bienestar del hombre.

Odón de Buen

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Carta a un labrador: ¿En qué consiste la cuestión social? ( 2º serie, Carta 3ª) 13 de abril de 1894

Según quien te conteste a esta pregunta la respuesta será distinta. Un obrero industrial seguramente te diría: la maquinaría nos ha perjudicado mucho, lo que antes hacían cien hombres lo hace ahora una máquina que maneja un solo individuo, dejando a noventa y nueve sin pan. Además, los burgueses son unos tiranos, nos hacen trabajar mucho y nos dan un jornal exiguo. Ellos, en cambio, disfrutan pingües ganancias. Mientras los obreros sudamos, los capitalistas con el producto de nuestro sudor viven en palacios, caminan en coche, tienen abono en los teatros, viajan, organizan cacerías y giras, veranean o invernan. Construimos los trabajadores muebles cómodos y lujosos para que los ricos se aprovechen de ellos. Somos víctimas del capital, y para que estemos bien, es preciso que el capital desaparezca y vaya a poder de los trabajadores.

He aquí la contestación de un católico: el mundo moral se ha relajado, las costumbres son depravadas, nadie teme a Dios ni le rinde culto en el templo, el vicario de Cristo en la tierra, en cuyas manos el poder moral debía residir, es prisionero del poder civil. Sin el santo temor de Dios, ni el respeto al evangelio, los vínculos sociales se rompen, el obrero se hace soberbio y el capitalista deja de ejercer la caridad. La influencia revolucionaria ha concluido con la humildad de los de abajo y con la esplendidez de los poderosos. El malestar social es hijo de que la fe se ha perdido, no hay esperanza en otra vida mejor y la caridad no se ejerce. Sólo en el predominio de las virtudes cristianas hay salvación. Haya resignación en los obreros y caridad en los capitalistas; para los primeros, la oración será el mejor lenitivo, los segundos deben guiarse por la sabiduría del sacerdote.

Tú, y contigo los de tu oficio, pensareis que el malestar social se debe a los Gobiernos; si se rebajaran las contribuciones, si no vinieran años de sequía o se les pudiera hacer frente teniendo canales y acequias de riego; si hubiera facilidad para vender el vino y el trigo y el aceite a buen precio, los labradores estaríamos bien, te he oído decir muchas veces. Otros, los jornaleros de ciertas regiones en que la tierra se halla menos repartida que en tu pueblo, creen que los conflictos sociales terminarán si la propiedad se repartiera mejor, si todos fueran pequeños propietarios.

Los obreros de levita, abogados sin pleitos, médicos sin clientela, empleados cesantes, escritores sin popularidad, etcétera, encuentran triste su condición social y culpan al Estado que les dio un título sin proporcionarles pan, o culpan a la sociedad egoísta que sólo favorece al que produce algún bien material inmediato y no conceptúa útiles ni la ciencia, ni el arte.

De izquierda a derecha: Odón de Buen, Ramón Chies y Fernando Lozano, tres de las principales figuras de Las Dominicales del Libre Pensamiento.

 

Un hombre de Estado que profese ideas conservadoras, estima que la cuestión social no está reñida con la tradición monárquica ni aun con el autoritarismo; tiene por causa el incremento que las industrias han tomado, el que se alejan las gentes, por el afán de progresar, del trabajo manual y adquieren profesiones literarias, el que la vida se ha encarecido y las propagandas revolucionarias han hecho creer en la igualdad social que es de todo punto imposible, pues mientras haya mundo habrá pobres y habrá ricos. Reprimiendo desmanes con rapidez y energía, fomentando la industria nacional, interviniendo el Estado en las cuestiones entre capitalistas y obreros, asegurando la vida a los inválidos del trabajo, fomentando la cooperación, creando retiros para los ancianos, por medios parciales e indirectos, se llegará a resolver la cuestión social.

Un anarquista te dirá que el Estado tiene la culpa de todo; que los Gobiernos todos y los capitalistas son enemigos del obrero y la causa del malestar social; hay que destruir el Estado, fundar la sociedad en la más amplia libertad individual y abolir el capital.

Si consultas al cura de tu pueblo es muy posible que te diga que está todo perdido por la falta de fe, porque nadie cuida de su alma y que hay corrupción arriba lo mismo que abajo, pues en el clero sucede que mientras los de arriba medran, los pobres curas rurales apenas ganan lo preciso para vivir.

Algún sabio afirmará que la causa del malestar social es la falta de instrucción; demócratas hay que creen es la causa de los males todos, el absolutismo disfrazado que impera. Yo he oído decir a una persona competentísima que el problema social es problema de alimentación; hay en Europa más individuos que raciones y es preciso colonizar, buscar mercados, etc., hasta que las raciones sobren; el que esto afirma asegura que el capital de los ricos es cosa ficticia y algún día puede que se encuentren en el caso de no hallar alimento con dinero.

Si continuara pidiendo explicaciones a gentes diversas, contestarían de modos muy diferentes. Sin embargo, todos convienen en que es un hecho el malestar social, en que hay mucha gente que no trabaja queriendo hacerlo, o que trabaja mucho y no obtiene lo necesario para vivir; luego existe una cuestión social, más o menos pavorosa, que exige remedio pronto y eficaz, sino será germen continuo de disturbios y semillero de crímenes.

¿Quieres que te diga mi opinión, que te conteste a la pregunta, objeto de esta carta? Lo haré como mejor sepa. Hay malestar social, pero muy hondo, profundísimo; tanto, que primero se sintió en los pueblos pobres y en las capas sociales más inferiores; después se ha sentido en la clase media, y poco a poco invadirá esferas más altas si no se pone remedio. El que por estar encumbrado cree poder desafiar la ola social que avanza, vive muy equivocado; el capital que disfruta y los derechos que invoca son cosa tan frágil que puede desaparecer en cualquier tempestad social. Este malestar se debe a  la desigualdad y a la injusticia que en todas las esferas dominan, lo mismo en la esfera política, que en la económica, que en la intelectual; se debe también a un desequilibrio motivado entre los progresos científicos que son inmensos y la ignorancia que es muy grande y hace que aquellos progresos a veces sean contraproducentes por el momento; se debe, por último, a que la sociedad se halla en un período transitorio, lo tradicional  pugna por persistir y los medios humanos son muy superiores a lo que la tradición necesita, el progreso se detiene algún tanto por los esfuerzos de los representantes del pasado, pero resulta mucho hombre el del tiempo este para la organización social mezquina de los tiempos pasados. Como todo tiempo de transición está lleno de dificultades.

En suma, existe la cuestión social y afecta a todos los intereses, es cuestión total de organización y sólo cesará, quedará resuelta, cuando el organismo social haya cambiado, cuando el capital se halle bajo una forma más asequible á todos, cuando la sociedad nueva esté en armonía con el progreso alcanzado y con las necesidades creadas.

Pero, advierto que se me hace tarde y como el asunto merece ser expuesto con toda claridad, lo continuaré en la carta próxima.

Odón de Buen

 

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