Carta a un labrador: ¿En qué consiste la cuestión social? ( 2º serie, Carta 4ª) 27 de abril de 1895

Se siente profundo malestar ¿quién lo duda? Débese a que la organización de hoy no responde a las necesidades creadas por el prodigioso desenvolvimiento de la inteligencia humana. Es cuestión de desequilibrio entre el organismo de la Sociedad y el medio creado por la Ciencia y sus aplicaciones. El organismo es cosa vieja, formada en otros tiempos y para medios más pobres, material e intelectualmente hablando. Hay que modificar la organización de ayer, adaptarla, acomodarla a los medios y a la cultura de hoy. Siendo cuestión de desequilibrio no desaparecerá hasta que el equilibrio se restablezca. Y la organización social que sustituya a la existente, es preciso que no sea arreglo del momento, sino que tenga caracteres de estabilidad y aun de permanencia; para esto sólo es preciso que el nuevo organismo sea tan dúctil que se transforme a medida que el medio cambie; los moldes rígidos, que no pueden ensancharse tienen al fin que romperse y así se engendran las revoluciones.

He aquí planteado el problema tal y como yo lo entiendo.

La cuestión social es, según este concepto, una cuestión total, no parcial, abarca todo el problema y afecta a todo el organismo. No es cuestión industrial, ni agrícola, ni española, ni francesa, ni norteamericana. No afecta solo a los intereses materiales, ni es ajena a la política, ni se resuelve con dar derechos al pueblo, ni con darle pan. Es una cuestión orgánica y por tanto integral según la llaman los hombres de ciencia.

Conviene rebatir ante todo la falsa creencia de que la cuestión consiste en proporcionar alimento; no es así. Si se diera a todos alimento y no se les educara ni instruyera, el problema quedaría por resolver. Las luchas entre los hombres serían luchas bestiales y el predominio de algunos no se haría esperar, motivando un retroceso hacia la barbarie. Si se diera pan al trabajador conservando un estado social en el que hay clases inútiles, zánganos, más zánganos que los de la colmena, pues estos al menos sirven para la reproducción, perpetuaría la desigualdad, el trabajo de pocos habría de servir para el alimento de muchos y las clases holgazanas dominarían a los que trabajan y trabajando consumen el tiempo de aquellos que emplean en asegurar su influencia. Si se diera pan al proletario y no se le dieran todos los derechos políticos, no influiría en el gobierno de la sociedad en la que vive, sería gobernado por otros y éstos constituirían una clase privilegiada propensa al despotismo, acaparadora de preminencias y de riquezas que saldrían del sudor de los trabajadores.

De izquierda a derecha: Ramón Chies, Fernando Lozano y Odón de Buen, auténticas almas de la publicación Las Dominicales del Libre Pensamiento

No, no es la falta de pan solamente la causa de malestar social; el pan abunda, pero está mal repartido y puede centuplicarse la producción y llenar de pan el mundo entero. Que es cuestión de pan dicen los reaccionarios a quienes con sus grandes riquezas, serían bien fácil dar pan suficiente a los trabajadores, como antaño daban la sopa en los conventos, siempre que los trabajadores esclavizados labraran las tierras produciendo como a 100, para recoger como a 1, quedándose el señor con el 99. Que es cuestión de pan dicen las sectas religiosas para que no se les discuta, porque discutiéndolas vendrá el pueblo en conocimiento de que no tienen ya misión que cumplir, de que las engendró la menguada inteligencia de tribus bárbaras y se disipan con los resplandores de la Ciencia, de que su filosofía es infantil y su imperio, contrario a la dignidad del hombre, de que moralmente pueden más el Código y la Instrucción que el sacerdote y materialmente cuanto consumen roban al bienestar de los trabajadores.

La cuestión social se resolverá cuando el individuo sea hombre completo y la organización de la sociedad, lejos de perjudicarle, sea la más firme garantía de su existencia humana. Existir como animal es cosa fácil; pero no basta para que la Humanidad cumpla con su misión; es necesario que el individuo exista como hombre.

La existencia humana implica el pleno desenvolvimiento del organismo, y el cerebro es el órgano del hombre y el pensamiento una función de la Fisiología humana. Además, el hombre deja de serlo cuando no tiene libertad y cuando no interviene directa o indirectamente en las funciones sociales que le afectan.

La organización sólo puede tener por fin el bienestar de todos los hombres; una sociedad que resultara perjudicial para los asociados no podría existir, si no es que éstos careciesen de inteligencia para conocer el perjuicio. Una organización social en que hay privilegios que no deben a su esfuerzo el privilegio del que gozan, subsiste por la ignorancia y solo por la ignorancia.

El problema social que entre nosotros se presente ha de resolverse por completo cuando todos los hombres tengan desenvueltas sus facultades intelectuales, cuando las conquistas de la Ciencia sean tan asequibles a los individuos como los simples rayos solares y el aire atmosférico, cuando goce el individuo de libertad completa en el desempeño de su función y cuando en la sociedad no sean posibles explotadores y explotados, trabajadores y vagos, sino que cada uno trabaje en su especialidad, y las especialidades se armonicen para el logro del bienestar común.

Quedamos, pues, en que la cuestión social afecta a todo, es general y ha de resolverse aplicando los principios de la Ciencia y las observaciones de la experiencia para formar el hombre inteligente, trabajador y libre dentro de una sociedad, que emplee el esfuerzo de cada uno en bien de todos, sin privilegios de herencia ni de riqueza.

Quiero grabar aún más en ti la idea de que la cuestión social, que tanto preocupa, es debida al desequilibrio entre la sociedad tal y como está organizada y los medios y la cultura que el progreso de los tiempos ha acumulado.

Ocurre a la sociedad lo mismo que a los enfermos a quienes prueba mal un clima; podrán sentir dolor de riñones o de estómago o de cabeza, pero el malestar no se les cura si no cambian de aire (como decís vosotros). Ya puede tomar bicarbonato, o ponerse emplastes o paños en la frente, el malestar no desaparece. No conociendo el mal se cree tener un órgano enfermo, pero la enfermedad es general y a veces está peor lo que menos le duele. Para obtener la curación sólo hay un remedio, purificar aquella sangre, restablecer el equilibrio entre el organismo y el medio. Claro es que al médico no le es posible cambiar la organización del hombre y en cambio es posible alterar el organismo social dado que el medio es excelente y beneficioso, y así, en esta comparación, conviene tener en cuenta que el procedimiento ha de ser inverso en el uno que en el otro caso. En ambos la causa de la enfermedad es el desequilibrio.

Este desequilibrio se observar en los menores detalles; en los mismos atentados dinamiteros puedes hallar el ejemplo. La Ciencia ha descubierto explosivos de inmensa fuerza, es uno de los descubrimientos más importantes, más hermosos de la Química. Manejen el explosivo, en una sociedad bien organizada, manos cultas, y es agente poderosísimo; pon el gran descubrimiento en manos incultas, a merced de cerebros perturbados por el espectáculo de una sociedad donde la injusticia y la explotación son ley, o por un desequilibro moral de que es culpable la mala educación pública y privada, y entonces el gran descubrimiento se convierte en terrible instrumento de crimen. Ejemplos numerosos del desequilibrio que en la sociedad se observa, podría citarte.

Convengamos en que el mal es profundo, en que urge el remedio, y en que se oponen las rancias preocupaciones sociales al bienestar del hombre.

Odón de Buen

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Carta a un labrador: ¿En qué consiste la cuestión social? ( 2º serie, Carta 3ª) 13 de abril de 1894

Según quien te conteste a esta pregunta la respuesta será distinta. Un obrero industrial seguramente te diría: la maquinaría nos ha perjudicado mucho, lo que antes hacían cien hombres lo hace ahora una máquina que maneja un solo individuo, dejando a noventa y nueve sin pan. Además, los burgueses son unos tiranos, nos hacen trabajar mucho y nos dan un jornal exiguo. Ellos, en cambio, disfrutan pingües ganancias. Mientras los obreros sudamos, los capitalistas con el producto de nuestro sudor viven en palacios, caminan en coche, tienen abono en los teatros, viajan, organizan cacerías y giras, veranean o invernan. Construimos los trabajadores muebles cómodos y lujosos para que los ricos se aprovechen de ellos. Somos víctimas del capital, y para que estemos bien, es preciso que el capital desaparezca y vaya a poder de los trabajadores.

He aquí la contestación de un católico: el mundo moral se ha relajado, las costumbres son depravadas, nadie teme a Dios ni le rinde culto en el templo, el vicario de Cristo en la tierra, en cuyas manos el poder moral debía residir, es prisionero del poder civil. Sin el santo temor de Dios, ni el respeto al evangelio, los vínculos sociales se rompen, el obrero se hace soberbio y el capitalista deja de ejercer la caridad. La influencia revolucionaria ha concluido con la humildad de los de abajo y con la esplendidez de los poderosos. El malestar social es hijo de que la fe se ha perdido, no hay esperanza en otra vida mejor y la caridad no se ejerce. Sólo en el predominio de las virtudes cristianas hay salvación. Haya resignación en los obreros y caridad en los capitalistas; para los primeros, la oración será el mejor lenitivo, los segundos deben guiarse por la sabiduría del sacerdote.

Tú, y contigo los de tu oficio, pensareis que el malestar social se debe a los Gobiernos; si se rebajaran las contribuciones, si no vinieran años de sequía o se les pudiera hacer frente teniendo canales y acequias de riego; si hubiera facilidad para vender el vino y el trigo y el aceite a buen precio, los labradores estaríamos bien, te he oído decir muchas veces. Otros, los jornaleros de ciertas regiones en que la tierra se halla menos repartida que en tu pueblo, creen que los conflictos sociales terminarán si la propiedad se repartiera mejor, si todos fueran pequeños propietarios.

Los obreros de levita, abogados sin pleitos, médicos sin clientela, empleados cesantes, escritores sin popularidad, etcétera, encuentran triste su condición social y culpan al Estado que les dio un título sin proporcionarles pan, o culpan a la sociedad egoísta que sólo favorece al que produce algún bien material inmediato y no conceptúa útiles ni la ciencia, ni el arte.

De izquierda a derecha: Odón de Buen, Ramón Chies y Fernando Lozano, tres de las principales figuras de Las Dominicales del Libre Pensamiento.

 

Un hombre de Estado que profese ideas conservadoras, estima que la cuestión social no está reñida con la tradición monárquica ni aun con el autoritarismo; tiene por causa el incremento que las industrias han tomado, el que se alejan las gentes, por el afán de progresar, del trabajo manual y adquieren profesiones literarias, el que la vida se ha encarecido y las propagandas revolucionarias han hecho creer en la igualdad social que es de todo punto imposible, pues mientras haya mundo habrá pobres y habrá ricos. Reprimiendo desmanes con rapidez y energía, fomentando la industria nacional, interviniendo el Estado en las cuestiones entre capitalistas y obreros, asegurando la vida a los inválidos del trabajo, fomentando la cooperación, creando retiros para los ancianos, por medios parciales e indirectos, se llegará a resolver la cuestión social.

Un anarquista te dirá que el Estado tiene la culpa de todo; que los Gobiernos todos y los capitalistas son enemigos del obrero y la causa del malestar social; hay que destruir el Estado, fundar la sociedad en la más amplia libertad individual y abolir el capital.

Si consultas al cura de tu pueblo es muy posible que te diga que está todo perdido por la falta de fe, porque nadie cuida de su alma y que hay corrupción arriba lo mismo que abajo, pues en el clero sucede que mientras los de arriba medran, los pobres curas rurales apenas ganan lo preciso para vivir.

Algún sabio afirmará que la causa del malestar social es la falta de instrucción; demócratas hay que creen es la causa de los males todos, el absolutismo disfrazado que impera. Yo he oído decir a una persona competentísima que el problema social es problema de alimentación; hay en Europa más individuos que raciones y es preciso colonizar, buscar mercados, etc., hasta que las raciones sobren; el que esto afirma asegura que el capital de los ricos es cosa ficticia y algún día puede que se encuentren en el caso de no hallar alimento con dinero.

Si continuara pidiendo explicaciones a gentes diversas, contestarían de modos muy diferentes. Sin embargo, todos convienen en que es un hecho el malestar social, en que hay mucha gente que no trabaja queriendo hacerlo, o que trabaja mucho y no obtiene lo necesario para vivir; luego existe una cuestión social, más o menos pavorosa, que exige remedio pronto y eficaz, sino será germen continuo de disturbios y semillero de crímenes.

¿Quieres que te diga mi opinión, que te conteste a la pregunta, objeto de esta carta? Lo haré como mejor sepa. Hay malestar social, pero muy hondo, profundísimo; tanto, que primero se sintió en los pueblos pobres y en las capas sociales más inferiores; después se ha sentido en la clase media, y poco a poco invadirá esferas más altas si no se pone remedio. El que por estar encumbrado cree poder desafiar la ola social que avanza, vive muy equivocado; el capital que disfruta y los derechos que invoca son cosa tan frágil que puede desaparecer en cualquier tempestad social. Este malestar se debe a  la desigualdad y a la injusticia que en todas las esferas dominan, lo mismo en la esfera política, que en la económica, que en la intelectual; se debe también a un desequilibrio motivado entre los progresos científicos que son inmensos y la ignorancia que es muy grande y hace que aquellos progresos a veces sean contraproducentes por el momento; se debe, por último, a que la sociedad se halla en un período transitorio, lo tradicional  pugna por persistir y los medios humanos son muy superiores a lo que la tradición necesita, el progreso se detiene algún tanto por los esfuerzos de los representantes del pasado, pero resulta mucho hombre el del tiempo este para la organización social mezquina de los tiempos pasados. Como todo tiempo de transición está lleno de dificultades.

En suma, existe la cuestión social y afecta a todos los intereses, es cuestión total de organización y sólo cesará, quedará resuelta, cuando el organismo social haya cambiado, cuando el capital se halle bajo una forma más asequible á todos, cuando la sociedad nueva esté en armonía con el progreso alcanzado y con las necesidades creadas.

Pero, advierto que se me hace tarde y como el asunto merece ser expuesto con toda claridad, lo continuaré en la carta próxima.

Odón de Buen

 

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Carta a un labrador: El naturalista; 1º Carta ( 1ª serie); 16 de julio de 1887;

16 de julio de 1887

Querido Manuel: con tu acostumbrada gracia, única muestra que exhibes de tu natural talento, me agobias de continuo a preguntas aparentando mortificarme, pero en realidad, ansioso de instruirte sobre la misión que nosotros los naturalistas tenemos en la actual época histórica.

Sabes que me deleita vivir entre vosotros porque, al fin y al cabo, entre vosotros he nacido y vuestras guasas que a muchos señoritos lastiman, porque están aparejados con ciertos toques aristocráticos, a mí me entusiasman cuando en corro, rodeando a una mesa repleta de copas y botellas, tomamos la fresca en estas noches tranquilas de verano. Siempre me encontráis dispuesto a contestar vuestras preguntas, haciendo la salvedad que ya os sabéis de memoria, que son muy distintas las aptitudes del profesor que vulgariza la ciencia y las del que busca ensancharla en los estudios del campo o en los del gabinete. Yo no sé si soy apto para enseñaros, y temo muchas veces que no entendáis cosas tan palpables que, dichas en vuestro lenguaje, resultarían verdades de Pero-Grullo.

Foto de Odón hacia 1885. Fuente: Archivo fotográfico CEOB.

Me preguntas de continuo: ¿para qué sirven todos esos bichos, todos esos pedruscos y todas esas hierbas que almacenas? ¿qué utilidad reportan los naturalistas para que en todos los países los protejan tanto? ¿y qué tiene que ver el coger bichos con las ideas políticas y religiosas que tú dices has aprendido en esas faenas, etc. etc.? Son preguntas éstas a las que no te he contestado nunca de primera intención, y ¿sabes por qué? Porque son tantos los que me las hacen que hace tiempo tengo pensado contestar en Las Dominicales. No desdeñarás supongo, leer este periódico. Ya sé que tus convicciones católicas no van más allá de tu conveniencia, y más de cuatro veces me has hecho desternillar de risa con tus cuentos, a costa de curas y beatas, frailes y obispos, aun cuando no dejes de cumplir con parroquia y lleves alguna vez el palio en las procesiones.

En estos momentos nuestro amigo D. Antonio manda desde su viña un paquete con hojas de vid y melocotonero. Las primeras tienen color verde muy pálido y presentan en la cara inferior unas manchas blancas que parecen de salitre. Al pronto me parece que esas manchas no son ninguna sal, cojo el microscopio -aquel instrumento con el cual viste los microbios de cólera hace dos años- hago preparaciones entre cristalicos, y veo unos hilos derechos que penetran dentro de la hoja. Preparo cortes verticales y observo con disgusto que aquellos hilicos tienen en el tejido de la hoja ramificaciones que chupan los jugos y matan a la planta. Recuerdo que hay un hongo microscópico, llamado peronospora vinícola o mildiu[1], con todos esos caracteres, y para cerciorarme, consulto libros de clasificación, y quedo convencido de que en las viñas de D. Antonio comienza a aparecer el mildiu. Por fortuna, me dice nuestro amigo que no ha observado más hojas con manchas blancas y yo veo que los órganos de reproducción del hongo están atrofiados, sin desarrollar, en todas las que me trae. Me explico el hecho perfectamente. El mes de junio ha sido seco, acaban de reinar vientos fuertes y ha hecho días de mucho calor, impropios de esta época. En tales condiciones, la peronospora no se desarrolla, tratándose de viñas de monte, que por lo tanto no se riegan. Para vivir este hongo necesita humedad, y será fatal para la vid el año en que los meses de junio y julio sean húmedos y alternan en ellos días de lluvia y días de sol, a no reinar frecuentes bochornos.

Las hojas del melocotonero están muy arrugadas, me dicen que el árbol está lleno de hormigas y piden les dé un remedio contra dichos insectos, creyéndolas causas de la enfermedad que nos roba los suculentos melocotones. Aparentemente la hoja no tiene nada, pero desarrollándola y examinando con la lente, la encuentro llena de unos puntitos inmóviles, que luego se convertirán en millares de pulgones. Estos son la verdadera causa de la enfermedad, y no las hormigas, que van allí en busca de un jugo azucarado que les gusta mucho y producen en abundancia los pulgones. Y tanto les gusta este jugo, que algunas hormigas sabias crían abejas, les dan de comer ramas tiernas de determinadas plantas, y les excitan, porque excitándolas sueltan este azúcar que hace las delicias de los hormigueros. Acabarían con los pulgones si todas las hormigas supieran cultivarlos.

¿Por qué acude D. Antonio a mí? Porque soy naturalista y he podido estudiar esto en las plantas y en los animales, y no te creas que para saber esto ha hecho falta estudiar poco, solo después de muchos años de estudios y de comparación con lo que sucede en otras plantas y con otros animales, y de perfeccionamiento del microscopio, y de conocer al detalle la vida de esos seres tan pequeños, se ha llegado a poder afirmar con certeza todo lo que yo te digo.

No hace muchos días que tú me preguntabas el por qué no se criaban bien los garbanzos en el campo tuyo. Vi el campo y encontré fácil la respuesta. Los semblantes en terreno impropio, en terreno gredoso, y los garbanzos necesitan tierra caliza, siémbralos en una tierra que tenga bastante cal y tendrás mucho adelantado para coger tan buenos garbanzos como en Fuentesaúco[2].

Ya ves si sirven para algo los naturalistas. Y no te creas que solo para

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esto sirven. Cuando las calenturas diezmaban a nuestro pueblo, como antes diezmaban el trigo, las patatas, la cebada, etc., los curas, tú te salvaste tomando píldoras de quinina, y no sabías que aquel producto salvador se extrae de una planta que descubrió un naturalista español, el Dr. Mutis[3], en sus viajes por América, y tampoco sabías que la causa de la calentura era un microbio, descubierto y estudiado por otro naturalista español que averiguó, ayudado de un médico, sus terribles efectos.

Yo he recorrido, como sabes, parte del Sáhara, y me has oído decir que nada hallé tan digno de admiración como aquellos surtidores de agua que sacó a la superficie la inteligencia de los franceses, y que han convertido en espléndido bosque de palmeras lo que antes era improductivo arenal, en el que morían de sed las caravanas. Pues bien, aquella corriente de agua la adivinaron los naturalistas, a pesar de encontrarse a muchos metros bajo el suelo, y rompiendo la cárcel que la sujetaba, la hicieron salir a la superficie y animar las tristes soledades del desierto.

Sin entrar en otro orden de consideraciones, sin rebuscar tantos y tantos prodigios como han hecho los naturalistas, a los cuales adorarían como dioses en los pasados tiempos, del mismo modo que adoran los árabes del desierto, mira si merecen protección de los Gobiernos cultos y ver si prestan utilidad directa a los hombres. Y te participo que he tomado la cosa tan solo desde el punto de vista de las utilidades materiales, que en cartas sucesivas he de ponerte de relieve, si acierto a explicarme de modo que me entiendas, otros servicios más importantes aún debidos a los naturalistas.

Respecto a tu primera pregunta -para qué sirven los animales, piedras y plantas que recojo- te contesto, invitándote a pasar conmigo unos días en Madrid. Allí verás en el Museo de Historia Natural cosas sorprendentes, conocerás el mundo que te rodea, observarás que distintos seres hay en cada país, con unas cuantas explicaciones mías, has de aprender grandes cosas. ¿No concibes tú la utilidad que tienen los museos para la educación popular, aparte de la educación científica? Pues si vienes a Madrid has de ver las muchas cosas que enseñan aquellas filas de bichos. Y si después viajas algún tanto por otros países, te hallarás a cada paso gentes conocidas. Con las colecciones, además se prepara el naturalista en las clases para el estudio de la naturaleza en el campo, y se hacen multitud de estudios y de comparaciones utilísimas.

Te llevaré también a los laboratorios, y en el de la petrografía (estudio de las piedras), te enseñarán dos naturalistas que me has oído nombrar muchas veces, Mcpherson y Quiroga, cosas admirables. Adelgazan los pedruscos hasta hacerlos transparentes, los ponen al microscopio y donde tú no veías nada, descubren luego un verdadero mare magnum, el más puro y transparente cristal de roca está lleno de huecos y lleno de burbujas, unas fijas y otras que se mueven, sin contar multitud de fibras de otras sustancias.

Te emplazo para entonces a que te convenzas de lo útiles que son las colecciones y lo importantes que son los naturalistas; que, a la vez, allí Riofranco y Demófilo[4] se encargarán de hacerte ver los inconvenientes de ese ten con ten que sostienes entre los descendientes de Voltaire y los hijos de Torquemada, contemporáneos del cura de Santa Cruz.

 

Hasta la próxima. Tuyo.

 

Odón de Buen

 

Zuera, julio 1887

 

La carta original se puede leer en:

http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0002618577&2

[1] Peronospora vinícola o mildiu, protista -ni hongo ni animal ni planta- de la familia de los peronosporáceos, responsable del mildio o mildiú de la vid. Es un parásito en sentido estricto, por lo que no es posible cultivarlo en laboratorio en medios sintéticos.

[2] El garbanzo de Fuentesaúco es una legumbre producida en la comarca de La Guareña, al sureste de la provincia de Zamora. Su producción ha sido apreciada desde la antigüedad. En el siglo XVI llegó a contar con protección real.

[3] José Celestino Bruno Mutis y Bosio (Cádiz 1732 – Santafé de Bogotá, 1808) Médico y Botánico español que figura entre los más destacados iniciadores del conocimiento científico en el Nuevo Mundo.

[4] Demófilo era el pseudónimo de su suegro y codirector de Las Dominicales, Fernando Lozano Montes, y Eduardo de Riofranco era el pseudónimo de Ramón Chíes y Gómez de Riofranco, el otro director del periódico.

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Cartas a un labrador

“Educaos, instruiros en las aulas, pero no seáis avaros de la Ciencia que poseáis: difundirla por el pueblo, haced cuestión de honor arrancar a éste de la ignorancia; lograréis así la grandeza de vuestra raza y contribuiréis al bienestar de la Humanidad.”. Esta es una de las muchas reflexiones que Odón nos dejó y que sin duda mejor refleja su pensamiento y su manera de actuar. Ante todo De Buen era un pedagogo, obsesionado por hacer llegar la ciencia y la cultura hasta el último rincón del suelo patrio para, de este modo,  poder arrancar al pueblo de las cadenas de la ignorancia.Y a tal efecto cualquier momento y lugar eran idóneos para lograr dicho objetivo, el aula, el campo ,sus publicaciones y colaboraciones en la prensa o sus tertulias veraniegas en el Casino Republicano de Zuera.

El Centro de Estudios Odón de Buen está llevando a cabo gestiones tendentes a la publicación de las denominadas “Cartas a un labrador”. Se trata de una serie de 24 cartas, dividas en 2 etapas (17 publicadas entre julio de 1887 y enero de 1888 y una segunda serie de 7 cartas publicadas en 1894)  de las cuales nos disponemos a ofrecer un adelanto a través de nuestra página Web. Este proyecto es fruto de meses de trabajo orientado a la transcripción de los textos originales que se encuentran alojados en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España,  llevada a cabo por Javier Gonzalvo y Javier Puyuelo y posteriormente revisadas por Ignacio Arnal y Antonio Calvo Roy.

 Las Cartas a un labrador comprenden una serie de artículos publicados en Las Dominicales del Libre Pensamiento en los cuales Odón de Buen, siguiendo un plan preestablecido, resalta la importancia de la ciencia utilizando un lenguaje diáfano y accesible para cualquier persona. Para ello en dichas misivas se  sirve de un  amigo de Zuera , no sabemos si real o ficticio, cuyo nombre es Manuel y en el  cual simboliza el prototipo de español medio de finales del XIX. A  través de su figura intenta acercar el contenido de sus artículos al mayor número de lectores posible con la intención de “vulgarizar” la ciencia haciéndola llegar al pueblo, tal y como siempre ambicionó. Las 17 primeras cartas publicadas entre 1887 y 1888 tienen un tono más naturalista, en ellas trata  temas referidos a la historia natural encuadrados en la agricultura,  los ecosistemas, de la organización biológica, etc.. a través de los cuales pretende  mostrar los beneficios de la ciencia para la sociedad.  En la segunda entrega, compuesta por 7 cartas publicadas en 1894, sin abandonar la perspectiva científica, se centra  en los asuntos sociales y políticos, abordando temas como la desigualdad social, el cooperativismo y las distintas reivindicaciones que el naciente movimiento obrero estaba llevando a cabo en España.

Esperamos que este pequeño adelanto que os brindamos, compuesto por dos cartas, una correspondiente a cada etapa, merezca vuestra atención y os despierte el interés por la futura publicación.

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10º ANIVERSARIO

EL CENTRO DE ESTUDIOS ODÓN DE BUEN CUMPLE SU 10º ANIVERSARIO

 

El 30 de mayo de 2008 a las 20,30 h. reunidas 36 personas se llevó a cabo el estableció el acta fundacional del denominado Centro de Estudios Odón de Buen, el cual nacía al amparo de la Ley 1/2002 de 22 de marzo. La iniciativa nacía al calor de los eventos que habían tenido lugar 5 años antes y en los cuales se repatriaron los restos de Odón de Buen y de su esposa Rafaela Lozano desde Mexico y Francia respectivamente.

Tras aquella primera jornada fundacional se estableció la primera Junta Directiva la cual tenía como Presidente a Mariano del Cos y como Vicepresidente a Javier Puyuelo. La entidad nacía con la clara intención de recuperar la obra y legado del científico zufariense que había permanecido sepultado en el olvido y ostracismo hacia el cual la dictadura franquista al igual que el de otros grandes hombres y mujeres de la época. que la dictadura franquista cía con la intención de recuperar la obra y legado del oceanógrafo zufariense, actualizando su pensamiento y llevando a cabo una lectura contemporánea del mismo. También puede destacarse como objetivos que se marco la entidad la Asociación en su nacimientos el fomento de estudios y actividades que promuevan la protección y cuidado del medio ambiente, además del fomento de la investigación sobre aspectos innovadores de la gestión, difusión y preservación del Medio Ambiente.

En este 30 de mayo se cumple el 10º aniversario de la fundación del Centro de Estudios y la entidad sigue con la misma ilusión que el primer día, persiguiendo como el primer día la recuperación de la memoria de nuestro ilustre vecino. A lo largo de los próximos meses este Centro de Estudios llevará cabo su habitual programa anual de actividades y del cual tendremos debidamente informados a todos aquellos que quieran acompañarnos.

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